sábado, 18 de agosto de 2018

Segundo día. Tarde de paseo y tormenta


Segundo día. Tormenta, la Chiesa Nuova y la pizzería más antigua


      Abandonamos la plaza de San Pedro y comienza la búsqueda de un lugar para refrescarnos, pues el día se presentaba con mucho calor y bochorno que presagiaba una tormenta. Atravesamos la plaza del Papa Pio XII, enfilamos la Via de la Conciliazione y nos dirigimos al pie del Castel Sant'Angelo. Aquí hay un pequeño parque con terrazas a la sombra, donde aprovechamos para tomar un refrigerio. 



Bandera de la Ciudad del Vaticano en la Piazza del Papa Pio XII

     Echando la vista al frente, descubrimos que esos arcos por los que acabamos de pasar pertenecen al Passetto di Borgo, ese paso elevado y cubierto que conecta las dependencias papales con el Castillo, y que permitía al Sumo Pontífice ponerse a salvo cuando el Vaticano era atacado. 


Il Passetto di Borgo


Final del Passetto, en el Castel Sant-Angelo






















   
   Tras el refresco, echamos un vistazo al exterior del Castel Sant'Angelo coronado con la escultura en bronce del arcángel San Miguel diseñado por Bernini. Desde este punto hay una vista espectacular de San Pedro a través de la Via de la Conciliazione. Aprovechamos para disparar unas cuantas fotos.


San Pedro

     Atravesamos el río Tiber por el puente Sant'Angelo, recubierto de mármol travertino y flanqueado por las esculturas de diez ángeles con los instrumentos de la pasión de Cristo.



Castel Sant'Angelo


Tumba de San Felipe Neri
Rubens en el altar mayor
     Una vez en el rione de Ponte (distrito de Ponte), la climatología se muestra adversa con nosotros y comienza a chispear. Encontramos refugio en el pórtico de una iglesia que no conocíamos, y muy cerca de la pizzería donde queríamos comer. Como apretaba la lluvia, decidimos entrar a la iglesia y esperar un rato pues habíamos dejado los chubasqueros en el hotel. Nada más entrar se nos acerca un hombre que se identifica como guía y nos ofrece una audioguía con auriculares, por lo que hacemos la visita del templo. La iglesia de Santa Maria in Vallicella o Chiesa Nuova es espectacular, algo habitual en las iglesias de Roma, pero lo curioso es que no aparece en ninguna de las guías turísticas o páginas de internet que habíamos consultado antes del viaje. Se trata de una iglesia reconstuida gracias a San Felipe Neri, cuya tumba se encuentra en una capilla dedicada a él. En el altar mayor, pinturas de Rubens y por toda la nave frescos de los mejores pintores romanos del barroco. Los techos contienen frescos del maestro Cortona. Una delicia de iglesia.

      Al final, llegamos a Da Baffetto, la pizzería más antigua de Roma situada en la Via del Governo Vecchio. Sus pizzas de estilo romano, con masa fina y crujiente son un placer para los sentidos. 



Pizzería Da Baffetto
     
     Tras dar buena cuenta de la comida, nos dirigimos a otra de las grandes plazas de la Ciudad Eterna, la piazza Navona. Tiene planta de circo romano, rodeada de bellos edificios y con tres fuentes, la fuente del Moro, la fuente de Neptuno y la increíble fuente de los Cuatro Ríos de Bernini, con un obelisco traído del circo de Majencio. Hasta la mitad del siglo XIX se cerraban los desagües de las fuentes y la plaza se inundaba de agua. Es una de las piazzas romanas con más encanto y más animación. Aquí nos sentamos en la terraza del restaurante Ai Tre Tartufi, donde tomamos los mejores helados de nuestra vida, justo delante de la Fuente de los Cuatro Ríos y al lado de otra de las iglesias emblemáticas, Sant'Agnese in Agone.



Fontana dei Quattro Fiume
Sant'Agnese in Agone
























   Desde aquí, nuevo paseo que nos lleva una vez más a la Plaza de Venecia y la Fontana di Trevi. Por el camino, la iglesia de Santa María del Loreto y la de Saint Paul's Within the Walls, la primera iglesia protestante de Roma.



Santa María del Loreto
San Pablo Intramuros
     Para cenar, decidimos darle un capricho a nuestra hija, y nos fuimos a The Good Burguer, una cadena de hamburguesas que nos sorprendió de una manera muy positiva, pues la carne está rica, rica y parece bastante más natural que la de las cadenas tradicionales; sin embargo, lo mejor son las patatas fritas, muy sabrosas, en su punto de sal y crujientes. Un buen descubrimiento, que repetiríamos en días posteriores.


Fontana di Trevi

    Después de la cena, al hotel a descansar, pues al día siguiente nos esperaba una nueva visita a la Ciudad del Vaticano para recorrer los Museos y más...















miércoles, 8 de agosto de 2018

Segundo día en Roma: Plaza y Basílica de San Pedro


Segundo día por la mañana: Plaza y Basílica de San Pedro


       Desayunamos en el hotel como haremos el resto de días. Desayuno tipo buffet clásico, con zumos de fruta, leche o café, pan tostado, bollería, cereales, huevos revueltos, embutido y fruta.

        Hoy nos hemos levantado pronto pues tenemos una reserva a las nueve de la mañana para acceder a la Basílica de San Pedro. Sí, ya sé que las visitas a la plaza y a la basílica son libres y gratuitas, que no es preciso reservar, pero entonces te arriesgas a soportar colas kilométricas para pasar los controles de seguridad. Ese el motivo por el que traíamos desde casa la reserva de acceso sin colas. Poco más tarde, pudimos comprobar que habíamos acertado. 



Basílica de San Pedro


        Así pues, tomamos el metro en la estación de Barberini y nos bajamos en Ottaviano, a pocos minutos de nuestro destino. El metro de Roma consta básicamente de dos líneas, la A y la B, con algún pequeño ramal. Las líneas no atraviesan el centro de la ciudad, por lo que solo te sirven para acercarte a tu meta y luego caminar o tomar el autobús, pero el tráfico es un poco caótico, así que la mejor opción es la del paseo. 




Cúpula de Miguel Ángel

       Una cosa que me ha parecido genial en Roma es la presencia de infinidad de fuentes de agua para beber en las calles, creo que hay unas dos mil repartidas por toda la ciudad. Por lo que si tienes la precaución de llevar una botella, puedes ir rellenándola cada poco. Un gran acierto, que otras grandes ciudades como Madrid, deberían imitar. Cuando yo era pequeño, recuerdo que mi madre llevaba en el bolso un vaso plegable de plástico y podías coger agua en las numerosas fuentes de Madrid. Pero con el tiempo han ido desapareciendo todas.

     Volviendo al metro, las instalaciones y los trenes son antiguos (no tanto como en París), pero funciona muy bien y tiene buena frecuencia de paso, así que si te pilla bien el recorrido, aprovéchalo. Nosotros lo tomamos para ir al Vaticano, al Coliseo y a San Juan de Letrán, ya que estos sitios sí tenían buena combinación desde nuestra estación.


Obelisco Vaticano
       Un poco antes de las nueve, estábamos ante el Portone di Bronzo, la puerta de acceso a los controles de acceso a la basílica, que está situado en la columnata del lado derecho de la plaza. Entramos sin esperar ninguna fila y ya estábamos en otro estado, Ciudad del Vaticano, el país más pequeño del mundo con apenas mil habitantes, incluyendo al personal religioso que trabaja en las difernentes dependencias vaticanas y los miembros de la Guardia Suiza, cuerpo de seguridad al servicio del Papa.


Fuente diseñada por Bernini
     La Piazza di San Pietro, verdadera obra maestra de Gian Lorenzo Bernini, en un espacio con forma de elipse formado por dos columnatas que simbolizan los brazos abiertos de la iglesia para acoger a todas las personas que se acercan a ella. Las columnatas tienen cuatro filas de columnas, y están coronada por 140 estatuas de santos de 3,20 metros de altura. El interior de las columnatas pèrmite el paso de un vehículo. El tamaño de las 284 columnas es colosal, como todo en el Vaticano, y para rodear cualquiera de ellas es preciso que cinco personas se cojan de las manos.  
     
      El centro de la plaza lo ocupa el Obelisco Vaticano, traído de Egipto y que se encontraba en el Circo de Nerón. En su día fue testigo del martirio y muerte de San Pedro, y fue colocada en la plaza en memoria del martirio de los cristianos a lo largo de la historia.





     A ambos lados del obelisco, en línea con él y situadas en el eje mayor de la elipse de la plaza, hay dos fuentes, una del propio Bernini y la otra de Carlo Fontana. Estas cada una de estas y el propio obelisco se encuentra un disco de mármol de color blanco con la inscripción "Centro del colonnato". Se trata del punto focal de las columnas, es decir, si miras la columnata desde este lugar, las columnas se alinean y solamente ves la primera. Otro alarde arquitectónico más.


Punto focal de la columnata
    Cuando giras la mirada hacia la fachada de la basílica, diseñada por Carlo Maderno, te sobrecogen las dimensiones: 115 metros de longitud y 44,5 de altura. En la parte alta se sitúan trece esculturas de casi seis metros, que representan a los apóstoles, excepto san Pedro, a san Juan Bautista y a Cristo Redentor.

  La cúpula de Miguel Ángel alcanza los 136,57 metros de altura desde el suelo hasta la parte superior de la cruz externa. Es la cúpula más alta del mundo. Su diámetro interno es de 41,47 m, ligeramente inferior a la del Panteón de Agripa.

     Pero vamos al interior de la basílica. El pórtico está flanqueado por las estatuas ecuestres de Carlomagno y de Constantino. La bóveda tiene esculturas de treinta y dos papas.
      
     





Bóveda del pórtico

      El acceso desde el pórtico se hace a través de las cinco puertas de la basílica: Puerta de la Muerte, Puerta del Bien y del Mal, Puerta de Filarete, Puerta de los Sacramentos y Puerta Santa; esta última solamente la abre el Papa en los Años Santos.

.      El espacio está dividido en tres naves separadas por pilares. En la nave central hay hornacinas en los pilares con esculturas de los santos fundadores. Está decorada con diez mil metros cuadrados de mosaicos, y en el suelo de mármol están marcadas las longitudes de las principales iglesias católicas del mundo.




   
 Las naves laterales presentan varias capillas y numerosos monumentos funerarios de diferentes papas. En la nave de la Epístola, la del lado derecho, la primera capilla es la de La Piedad. Aquí se puede contemplar la obra maestra de Miguel Ángel, la escultura que muestra a la Virgen María sosteniendo el cuerpo de su hijo. Es la única obra firmada por el autor, y hay que destacar que fue realizada cuando el artista contaba con tan solo 24 años. Un prodigio de talento, que todo el mundo debería ver al menos una vez en su vida.


La Pietà, obra de Miguel Ángel

     Otro de los principales puntos de interés es el Baldaquino de Bernini, impresionante obra de 29 metros de altura, y realizado en bronce traído del Panteón. En el centro del baldaquino está el altar papal de mármol blanco. Todo el conjunto está ubicado exactamente sobre la tumba de San Pedro.


Baldaquino de Bernini


Frente al Baldaquino hay que destacar la estatua de San Pedro Apóstol, una escultura en bronce que se atribuye a Arnolfo di Cambio, y está situada bajo un dosel en la parte derecha de la nave central. 


San Pedro Apóstol
Sepultura de Alejandro VII


Sepultura de Juan Pablo II
      Como dijimos más arriba, debajo del baldaquino se encuentra la tumba de San Pedro y las grutas vaticanas, con las sepulturas de otros papas, pero no hicimos la visita pues nuestra hija no alcanza la edad mínima para el acceso, quince años. 

      Y después de recorrer todo el recinto basilical, nos enfrentamos al desafío de subir a la cúpula. Hay dos opciones, una es subir a pie los 550 escalones (altura equivalente a 30 plantas), y la otra es tomar un ascensor hasta la base de la cúpula, con lo que te evitas subir 220 escalones (13 plantas), y desde allí, a pie hasta la linterna de la cúpula ascendiendo a través de varios tramos de escaleras de diferentes tipos, con un total de 320 peldaños (17 plantas).



Billete del ascensor de subida a la cúpula

       Hay que decir que yo iba con un importante problema en mi rodilla izquierda, por el que próximamente pasaré por el quirófano, así que la perspectiva de trepar a través de cientos de escalones no era muy atractiva, pero por nada del mundo quería perderme la experiencia de contemplar Roma desde lo alto de la iglesia. Así que hicimos el primer tramo en el ascensor hasta la terraza superior de la basílica, al nivel del tejado donde se encuentran las estatuas de Cristo y los apóstoles.

Base de la cúpula

    Desde aquí se puede pasar al pasillo que rodea el interior de la cúpula, justo encima de la leyenda que la bordea: "TV ES PETRUS ET SUPER...". Estas letras que desde el suelo de la basílica parecen de tamaño normal, tienen una altura de dos metros. En San Pedro todo es colosal, las esculturas, las columnas, etc. Lo que pasa es que no se aprecia esa grandeza porque es todo armónico, y solo cuando te acercas al objeto en cuestión te apabulla su tamaño. 


    Cuando te asomas a la barandilla de la cúpula, tienes tres vistas maravillosas. En primer lugar, tienes a tu alcance los increibles mosaicos que adornan toda la basílica, y que desde el suelo parecen frescos pintados en lugar de pequeñas teselas. Después diriges la mirada hacia lo alto y te encuentras la linterna y la increible decoración del tambor de la cúpula. Por último miras hacia abajo y apenas consigues distinguir a las personas que transitan por la nave de la iglesia. ¡Y todavía estamos a mitad de camino!


Mosaicos de la cúpula
Interior de la basílica























Linterna
Pues bien, ahora comenzaba la odisea, el trayecto a través de diversos tramos de escaleras que nos iba a conducir hasta lo alto de la basílica, hasta la terraza exterior de la linterna, cerca de 130 metros de altura. Hay tramos de escaleras de caracol, otros de peldaños anchos y de poca altura, otros más empinados, en fin que no te aburres. La parte peor, es un tramo circular que rodea el perímetro de la cúpula y las paredes siguen la inclinación de esta, por lo que hay un momento en que empiezas a sentir que la cabeza te da vueltas. Es tu cerebro, que no coordina el suelo perfectamente equilibrado y recto con la curvatura de las paredes.

Escalera con paredes inclinadas

Piazza di San Pietro

    En la foto de la izquierda se aprecia este tramo con paredes inclinadas. Después de los 320 escalones de rigor, se llega a la cima, una pequeña terraza circular alrededor de la linterna, y cerrada con un enrejado. Desde aquí tienes las mejores vistas de toda la ciudad de Roma, incluso de los pueblos de alrededor, y dicen que es posible ver el mar cuando las condiciones de la atmósfera lo permiten. También es un buen observatorio para ver el interior de la Ciudad del Vaticano, los jardines por los que pasea el Santo Padre, el tejado a dos aguas de la Capilla Sixtina y por supuesto, la Plaza de San Pedro.


Disfrutando de las vistas

    Pues bien, ya has subido, pero ahora hay que plantearse la bajada. Otra vez escaleras y más escaleras hasta el pie de la cúpula. Aquí te puedes tomar un descanso, aprovechar para beber un poco de agua y visitar la tienda de recuerdos, donde un grupo de religiosas se encargan de atender a los numerosos turistas. Nosotros empleamos el breve periodo de descanso antes de tomar el ascensor para escribir y echar al correo unas postales para la familia.


Tienda de recuerdos sobre el tejado de la Basílica de San Pedro

    Una vez cumplidas las obligaciones postales, vuelta al ascensor para regresar al interior de la basílica, terminar de admirar las capillas, los numerosos altares, esculturas, sepulturas papales, cúpulas laterales, etc. 





Detalles de las bellísimas cúpulas de las diferentes capillas y naves laterales. Mires donde mires, todo rezuma arte y belleza.  





    Después de volver a echar una última mirada a la imagen de La Pietà de Miguel Ángel, nos dirigimos a la salida de la Basílica. Habíamos llegado alrededor de las nueve de la mañana, y cuando abandonábamos la plaza de San Pedro eran más de las doce y media. Tres horas y media de visita a la iglesia más importante de la Cristiandad, que habían pasado volando. Para terminar, nada mejor que un breve encuentro con algunos miembros de la Guardia Suiza, que con su tradicional uniforme, llenan de color los accesos a la Ciudad del Vaticano.
Este peculiar uniforme bicolor parece ser un diseño del mismísimo Miguel Ángel. Ni Ágatha Ruiz de la Prada lo hubiera podido superar.



    La tarde dio más de sí, pero lo contaremos en el siguiente capítulo.

domingo, 5 de agosto de 2018

Primer día en Roma


Primer día: Vuelo, traslado al hotel y toma de contacto con Roma


        Nuestro vuelo salía a las 12 del mediodía, por lo que tomamos un taxi con destino al aeropuerto de Barajas, donde llegamos a las 10:00, hicimos el check in y la facturación del equipaje y nos fuimos a almorzar tranquilamente.



        Tras dos horas y media de vuelo aterrizamos en el Aeropuerto de Fiumicino-Leonardo da Vinci. Después de recoger las maletas en la cinta de equipajes nos dirigimos a la salida, donde nos esperaba nuestro chófer, Dario, con un gran cartel con mi nombre. Montamos en el vehículo, un flamante Mercedes clase E, y nos encaminamos hacia el hotel. Al llegar a la entrada de Roma el conductor nos dijo que iba a hacer un pequeño tour para enseñarnos algunos de los encantos romanos, y nos mostró las Termas de Caracalla, el barrio judío y la plaza Venecia, además de algunas de las principales calles. Todo un profesional, con el que hice mis primeros pinitos con el idioma italiano. Grazie, Dario!

       Dejamos el equipaje en la habitación, y salimos a pasear por las calles de Roma. La primera impresión fue de sorpresa al comprobar que la mayoría de las calles conserva el tradicional adoquinado en lugar del asfalto. Esto, que puede resultar incómodo para el tráfico, tiene una gran ventaja: las calles no desprenden el calor asfixiante del alquitrán, y se puede callejear de manera más agradable, aunque es aconsejable llevar calzado cómodo.



Fontana del Tritone
      Pasamos por la plaza Barberini, donde se puede admirar la Fontana del Tritone, una de las primeras obras de Bernini, el escultor que aparece una y otra vez por toda la ciudad. Para llegar a la iglesia de la Trinità dei Monti, en lo alto de la escalinata más famosa del mundo, la que une esta iglesia con la Piazza di Spagna, tomamos la Via Sistina, en donde nos compramos dos porciones de pizza al corte o pizza al taglio para matar el gusanillo. Delante de la iglesia se alza el Obelisco Salustiano, uno de los trece que acompañan a las fuentes e iglesias por toda la ciudad de Roma. Al pie de las escaleras, se encuentra la Fontana de la Barcaccia, una fuente con forma de barca que fue comenzada por Bernini padre y terminada por su afamado hijo Gian Lorenzo. Esta plaza y las escaleras siempre están abarrotadas de gente descansando, haciendo fotos o refrescándose en la fuente. Nuestro paseo continuó hasta la Piazza del Popolo, antigua puerta de entrada a la ciudad imperial. Allí nos encontramos el Obelisco Flaminio en el centro de la plaza, justo enfrente de las iglesias casi gemelas de Santa Maria dei Miracoli y Santa Maria in Montesanto. No pudimos entrar a visitar Santa Maria del Popolo porque la plaza estaba acordonada por la celebración de un concierto, así que nos perdimos la visita a la Capilla Chigi, otra de las muchas obras maestras de Bernini. Otra vez será.






Piazza di Spagna
Trinità dei Monti
     

     
























 
   Bajando por la Via del Corso, la calle comercial por excelencia de Roma, llegamos a la Piazza Colonna, donde puedes admirar la Columna de Marco Aurelio, con un relieve en espiral donde se narran las guerras marcomanas contra los germanos. Está construida a semejanza de la columna de Trajano, y coronada con una estatua de San Pablo en sustitución de la original que representaba al emperador. En la plaza se encuentra el Palacio Chigi, sede del gobierno italiano, y una elegante fuente con delfines de Della Porta.



Columna de Marco Aurelio
     Nuestra ruta continuó por las estrechas calles interiores hasta desembocar en la Fontana di Trevi. Impresionante obra de Nicola Salvi, con la representación de Océano domando las aguas del mar. La fuente actual ocupa el lugar en el que se levantaba una antigua fuente romana que marcaba el final de un acueducto, y debe su nombre al hecho de estar en la confluencia de tres calles (tre vie). Como mandan los cánones, lanzamos una moneda a la fuente para asegurarnos otra visita a Roma.




Fontana di Trevi
Seguimos por Via del Corso hasta llegar a la Piazza Venezia, el lugar donde se encuentra el monumento más controvertido de la ciudad, el Vittoriano, monumento de 70 metros de altura erigido en homenaje a Vittorio Emmanuele II, padre y unificador de la patria italiana. Se trata de una imponente mole de mármol blanco, visible desde cualquier lugar de la ciudad. En su interior acoge el Museo del Risorgimento y en su parte frontal se encuentra la tumba del soldado desconocido. La polémica viene porque hubo que destruir una gran parte de la Colina Capitolina y el barrio medieval que albergaba para erigir el monumento. Los italianos lo conocen como la "máquina de escribir" o la "tarta de boda".



Monumento de Vittorio Emmanuele II

    Desde aquí iniciamos el regreso al hotel pasando por delante del Palacio del Quirinal, residencia del presidente de la República Italiana, con la fuente de Cástor y Pólux, y el inevitable obelisco, traído de las ruinas del mausoleo de Augusto y gemelo del obelisco Esquilino. 


Obelisco Quirinal y estatuas de Cástor y Pólux

    Pasamos por el cruce de las Quattro Fontane, cuatro fuentes monumentales ubicadas en los chaflanes de las cuatro esquinas. Un último vistazo a la Fontana del Tritone, y a la habitación a refrescarnos para la cena en el Pepy's Bar, en la esquina de la Piazza Barberini. Ensalada de atún y pizza de peperoni. Hay que decir que en Roma la cerveza es súper cara, por un vaso de 30 cl te cobran 4 euros y por la botella de medio litro, 6 euros o algo más.